sábado, 8 de diciembre de 2012

Otros códigos, misma dictadura.

Último Jueves, espacio de debate de la Revista Temas.
En las primeras décadas de la revolución toda persona que no respondiera al canon sobrevenido con la nueva ideología estaba en la cárcel o en campos de trabajo para “reformarse”, miles de cubanos padecieron aquellas prácticas tan categóricas. Utilizar ese patrón histórico para medir el comportamiento actual del régimen en relación con sus ciudadanos no es posible, el régimen ha modificado sus códigos adaptándolos a las nuevas circunstancias. Si antes eran miles los presos políticos y hoy son “solo” cientos, la diferencia, a pesar de tener una sociedad diferente- más descreída y menos vivida en las transformaciones revolucionarias con nuevas generaciones-, radica en ese nuevo “know how”. Los periodistas independientes, Damas de Blanco, activistas, opositores, disidentes y reformistas, entre otros, son reprimidos, no podía ser de otro modo tratándose de una dictadura, pero no están todos en la cárcel.
Recientemente, en el marco de un debate organizado por una revista cubana financiada por el Ministerio de Cultura, hubo un intercambio entre activistas políticos contrarios o desafectos al régimen y funcionarios gubernamentales. No fue el primero ni será el último encuentro de este tipo en Cuba, ya desde finales de los años 80, a raíz de la perestroika, en los ámbitos culturales y académicos sucedían eventos similares, de mayor o menor calado crítico con la ortodoxia oficial. Parte de la opinión publica cree ver en estos sucesos señales de cambio para luego constatar al pasar los años que todo sigue igual que siempre.
La permisividad del gobierno con la crítica y su aparente distensión   represiva, incluso en el terreno puramente político,  responde a una estrategia de contención y acotación. Lo que sucede en un recinto cerrado,  plaza, patio, y hasta una calle, no tendrá ningún impacto en el resto de la población que permanecerá al margen, esto es posible con el absoluto dominio sobre los medios de información. En cuanto esa crítica se desborda del marco de control se reprime a la vieja usanza, entonces los medios sí divulgan su propia versión ya con los protagonistas demonizados y caricaturizados sin el mensaje crítico que les precedía. Incluso la acotación de sucesos puede ser sofisticada, y en lugar de un mal trago del oficialismo, casi clandestino, se usa para dar una imagen positiva entre los que si pueden mirar, como son los medios extranjeros. En este sentido de aislamiento, el intercambio de ideas opuestas, presunto germen de una muda democrática tampoco suma adeptos en su modalidad presencial, por falta de divulgación y otras adversidades; al final los asistentes y protagonistas funcionan como una nueva farándula, son siempre los mismos, todos saben quién es quién y lo que piensan los demás.
Si aplicáramos el patrón antiguo para analizar esta realidad caeríamos en un error de bulto, considerar que todos son parte del sistema y este los utiliza como figurantes de una nueva puesta en escena; o interpretamos que el régimen está mutando hacia mayores libertades, a remolque de la sociedad o a trompicones por la pugna de las fuerzas internas del régimen. Los nuevos modales, contención, acotación, estigmatización, y demás, son igual de efectivos si se combinan con la represión de siempre, y la dictadura continúa sin cambiar un ápice   su esencia.
Enrique García Mieres.

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Dilvulgar esas historias sobre Cuba y los cubanos poco tratadas por la historiografía cubana. Enrique García Mieres.
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